EPHEMERA


Stefano Klima ha hecho tomas en el espacio abierto de Islandia. Se ha plantado con firmeza y ha elegido qué fotografiar. El silencio de las imágenes es sobrecogedor. El silencio no recoge la vibración sentida; el espacio circundante dejó de ser envolvente y ahora es fijo, y es el plano del que emanan los blancos, los negros y los grises en acordes desconocidos que conmueven. Eso es lo que queda para ser visto en una imagen fotográfica. Pero la mirada puede, a veces, alimentar sospechas y así, gradualmente, develar algún secreto de la experiencia artística. Aparece, entonces, la huella casi borrada de un deseo de ir a fotografiar lo más lejos posible del territorio conocido, en busca de un espacio otro. Uno en el que, ayudado por la lejanía, se pueda empezar a comprender qué es lo que se ama, a quién se ama y cómo se ama.

La soledad de las imágenes es prodigiosa, también. El encuadre es tajante en omitir otras presencias que el fotógrafo puede haber tenido al lado. Como la presencia de un ser querido, su padre, compañero de viaje. Porque la soledad de la imagen anuncia la capacidad sensible de un hombre solo, de elegir qué encuadrar para atesorar el presente, que se está convirtiendo en pasado, mientras mira, maravillado la luz sobre las cosas, y la temperatura emocional de su deseo sobrepasado por aquello a lo que uno insiste en llamar lo real.

Jorge Villacorta, Junio 2026